La Paz: tan cerca y tan lejos

Avanza el gobierno del presidente Duque, y van quedando muchas dudas y preguntas sin resolver sobre el tintero, así ahora se trate de justificar que se gobierna sobre la marcha, sin reconocer que de ahí a la improvisación no hay más que un paso, que es lo que finalmente ha venido sucediendo.

El gobierno, sin escuchar más que a sus intereses partidistas, presentó las famosas objeciones a la ley estatutaria que regula el funcionamiento de la Justicia Especial para la Paz, JEP.

Desde el comienzo se advirtió que aún si las objeciones fueran aprobadas en el Congreso de la República, ya la Corte Constitucional se había pronunciado respecto a la Ley Estatutaria como un todo, y a que es muy difícil que la Corte se rectifique, ya que es un órgano de cierre en materia constitucional, y esta ley en particular ya había hecho tránsito a cosa juzgada en lo que respecta a su constitucionalidad.

Pese a que este argumento poderosísimo se conocía de antemano, el gobierno en cumplimiento de su agenda política, prefirió someter al parlamento y al país a cinco meses de desgaste, para que finalmente hasta el Congreso haya negado las objeciones, así se trate de hacer cualquier malabarismo para demostrar que en el Senado las objeciones fueron aprobadas, cuando no fue así.

A toda esta situación se suman ahora las presiones que viene ejerciendo el gobierno americano, a través de las visas para los magistrados de las Altas Cortes, que han tomado, o están por tomar, decisiones que no son de su agrado.

Es decir que a la muy marcada polarización que asfixia y mata los necesarios debates democráticos que deben darse en el seno de nuestra sociedad, hay que adicionar ahora la indebida injerencia de la gran potencia del Norte en asuntos que deberíamos resolver nosotros, según nuestras propias realidades y condiciones.

No ayuda mucho el altivo comunicado de la embajada americana en Bogotá. Claro que un país es soberano para decidir a quien deja ingresar a su territorio y a quien no, pero eso no es lo que se ha puesto en tela de juicio, sino el hecho de que las decisiones sobre las visas se tomen al calor de los intereses que manifiesta la embajada, en una clara intromisión en asuntos de política interna.

Tampoco ayuda la tardanza del gobierno en hacer un pronunciamiento oficial, exceptuando las tibias declaraciones de la señora vicepresidente Marta Lucía Ramírez, que dejan intacto el escarnio al que es sometido uno de los pilares de nuestro sistema democrático, el poder judicial.

Un sistema judicial intimidado por el gran garrote del norte, con un gobierno que no lo respalda con firmeza, no es prenda de garantía para tomar las urgentes y muy polémicas decisiones que deben adoptar, tanto si es un sentido como en el contrario, como es el caso espinoso de la extradición de Jesús Santrich por parte de la JEP, o que pasará con el uso del glifosfato como método para combatir los cultivos de coca. Grandes encrucijadas enfrentan las Altas Cortes y la JEP, sin aparentes salidas a la vista. Ojalá la providencia los ilumine y se tomen las decisiones que sean mejor para los altos destinos de la patria.

Montañas de Colombia, mayo 13 de 2019

 

Equipo Político

Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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