Farc: la difícil marcha hacia la civilidad.

La sociedad ha asistido impávida estos días al ya inocultable enfrentamiento entre los dos líderes más visibles de lo que fueran las Farc, y que ahora es la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.
Los excomandantes Rodrigo Londoño y Luciano Marín, antes conocidos como Timochenko e Iván Márquez, tienen posiciones radicalmente diferentes sobre el proceso que está viviendo su agrupación, ahora desarmada.
Mientras que para Marín fue un error desarmarse, para Londoño ellos han persistido en el camino de la paz, a pesar de los obstáculos y los problemas.
Curiosamente, es un caso en donde no les faltan razones a ninguno de los dos.
Es evidente que hay un número considerable de desmovilizados de las Farc que han sido asesinados desde que se cerró el proceso de negociación. Es evidente que ha faltado Estado en las zonas que abandonó la guerrilla. Es evidente que los proyectos de vida del grueso de los exguerrilleros aún están en el limbo, y que pareciera que no terminan de despegar. Es evidente que la espada de Damocles de la extradición sigue pendiendo sobre la cabeza de la dirigencia guerrillera, como lo demuestra el caso de Jesús Santrich, aún pendiente de resolver. Estas son las razones de Iván Márquez.
Pero también es evidente que las armas ya fueron entregadas, y que es un proceso que no puede devolverse, así las disidencias sigan creciendo y copando algunos de los territorios que antes fueron dominio de las Farc. Será muy difícil, por no decir imposible, que retomen el control que tuvieron, por las dinámicas propias de la ilegalidad en estas zonas.
También es claro que las expresiones de Iván Márquez en su carta le prestan un flaco servicio al movimiento político de las Farc, porque de alguna manera le dan la razón a los críticos que tienen los acuerdos que se lograron en virtud de la negociación, quienes han dicho que las Farc solo lograron concesiones, y que las disidencias no lo son tales, sino un siniestro plan B de la guerrilla.
Más grave aún: le dan una especie de manta para cobijarse a los autores de los asesinatos en contra de los desmovilizados de las Farc, quienes argüirán que se trata de personas que sólo están esperando la hora de retomar las armas, o que ya están desarrollando actividades delictivas.
Todas estas contradicciones se originan en una razón más de fondo. La verdad es que las lógicas de la guerra y de la política son muy diferentes. En la guerra de la unidad de mando es indispensable, y se obra según las órdenes que se imparten. La construcción de un movimiento político de masas genuinamente democrático no se logra con órdenes, sino con la construcción de consensos que recojan los anhelos de esa masa a la que se aspira a representar. La verdad hasta ahora las Farc no han avanzado significativamente en la construcción esos consensos, ni han allegado nuevos dirigentes significativos a su movimiento político. Sus líderes se ven cansados y fuera de foco de las realidades de un país que requiere dinamismo y audacia de quienes aspiren a representarlo.
Quienes creemos que el conflicto social y armado que persiste en nuestra patria requiere de soluciones negociadas con todos sus grupos armados, estamos preocupados con la marcha de los acontecimientos. Esperemos que haya vientos más favorables para la causa de la paz.

Montañas de Colombia, mayo 27 de 2019

Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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