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Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.  
Bertolt Brecht

Hemos guardado un adolorido silencio, frente a la muerte de nuestro líder, comandante, compañero y amigo, Roberto Vargas Gutiérrez, Gavilán.

Son de esas noticias terribles que por más que tratan de digerirse, de aceptar, no se logra, y por el contrario, siempre existe ese nudo en la garganta, ese dolor permanente que no cesa, que  hace suyos de todas las horas y todos los días.

No vamos a hablar de las circunstancias infames de su muerte. Estamos inmersos en un conflicto que cobra las vidas de esos compatriotas nacidos en la Colombia profunda, la mancillada, la ignorada, la que tantos se empeñan en desconocer y en querer desaparecer en océanos de sangre y dolor.

Constituyó la parábola vital de nuestro Comandante Gavilán un ejemplo de lo que ha sido la vida de los campesinos de tantas regiones de la patria. Siendo un adolescente aún militó en la guerrilla del Ejército Popular de Liberación, EPL. En la primera década de los noventa del siglo pasado dejó las armas para tratar de vivir en paz, lo cual fue impedido por las Farc que se empeñaban en ver este acto de desprendimiento una traición a la causa “revolucionaria”.

Se vio precisado a integrar las filas de las Autodefensas Unidas de Colombia, con la cual una década más tarde se desmovilizó. Cuando ya aspiraba vivir al lado de su familia, de nuevo el conflicto lo arrinconó, y en defensa de su vida, debió formar parte de las nacientes Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

No tuvo reposo en su vida nuestro Comandante Gavilán. Pero lo más paradójico es que no se convirtió en un máquina de guerra y muerte, sino que siempre aspiró a que sus hijos pudieran crecer en un país diferente, que le negó a él la posibilidad de un destino laborando la tierra, como el campesino que nunca dejó de ser.

Se aprestaba a enfrentar nuevos desafíos nuestro Comandante. Pero la muerte truncó de un tajo los nuevos caminos que quería recorrer. Las manifestaciones populares de dolor en su sepelio en Mulatos, constituyen el mejor mentís a tantas calumnias que se hicieron sobre su vida.

Nos está haciendo mucha falta su guía, liderazgo y capacidad para entender los retos que nos pone la vida día a día. Aquí continuamos. Adoloridos pero no vencidos.


Paz en su tumba y honor a su memoria.

Hasta siempre Comandante.


Montañas de Colombia, septiembre 22 de 2017

Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org