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Desde el punto de vista ideológico nuestra actitud política es neta y clara. Puede decirse que los partidos son un vértice en el que confluyen dos aristas. Una, la exclusivamente política, la que se refiere a las garantías sociales, a la libertad humana, al patrimonio de la individualidad. Esa fue la gran lucha del siglo XVIII, la gran batalla de la Revolución Francesa, que es distinta de la lucha económica.

Y como atrás lo demostré, grande y magnífico ha sido el partido liberal en defensa de esos postulados. Quizás el más grande de los partidos liberales de América, porque ha sabido modelar con perseverancia y esfuerzos heroicos esas libertades y esos principios como base insustituible de nuestra vida democrática.
Pero decía que hay una segunda arista: el problema económico que no conocieron nuestros mayores, los próceres del liberalismo, porque ese problema sólo se incrustó con relieves exactos en los partidos, de la guerra de 1914 para acá. Los viejos patricios liberales enfocaban el problema económico en forma muy distinta a como lo vemos nosotros, ya que él ha surgido no por un capricho demagógico de los hombres sino por fenómenos de determinación histórica. Es una lucha que sólo se plantea para el día de hoy y que es necesario resolverla con el criterio presente.

Frente a ese problema dos grandes fuerzas concurren enfrentadas: el criterio individualista que es el conservador y el criterio socialista que es el de la izquierda.
Pues bien, en lo económico y lo social somos integralmente socialistas y andan equivocados todos los que pretenden establecer incompatibilidad entre el liberalismo y el socialismo colombiano [3]. En resumen: hay un liberalismo socialista que puede compararse a la vida de los árboles que extraen su savia del fondo de la tierra, del hecho histórico, cuya raíz vetusta se nutre en la herencia de lo pasado, pero para lanzar hacia el espacio y hacia la luz frutos nuevos de carne purificada. Nos afianzamos en la gloria pretérita de nuestros mayores para desatar nuevas batallas en defensa de los humildes y en procuración de una justa justicia. [4]


El verdadero partido liberal está en la masa: es el campesino, es el obrero, es el estudiante; ávidos todos y hambrientos de libertad económica, de justicia social; no de la igualdad retórica ante la ley sino de la igualdad palpitante ante la vida.
Nuestras masas siempre heroicas han iniciado la marcha de la victoria y nada ni nadie será capaz de detenerlas. Desde el fondo de los hogares que anhelan una educación fecunda y científica de que hasta ahora han carecido; desde la universidad, donde cada estudiante aspira a cambiar de raíz los viejos sistemas rutinarios; desde el surco agrario donde el labrador todo lo entrega a la patria y nada le reclama; desde el taller y el hogar donde trabajadores y mujeres piden leyes nuevas que los liberten de la esclavitud en que los colocaron las instituciones conservadoras, hasta la organización de las finanzas, de la carrera administrativa y la carrera judicial, todo clama a gritos en este país porque se lleve a cabo una revolución fundamental, una transformación rotunda. (Cámara de Representantes, 1931).

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