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No he sido nunca comunista y he sido siempre adversario del comunismo como lo demuestran todos los movimientos políticos en que he tomado parte; todas mis expresiones públicas en la tribuna y en la prensa. Más aún, he declarado y probado muchas veces que no soy integralmente marxista. Por defender banderas anticomunistas, grandes batallas con grandes índices de elocuencia he librado en este recinto. Pero soy un hombre de la izquierda y me enorgullece haber tenido ocasión de demostrar con mis actos cómo la izquierda obra en política y aplica su doctrina cuando llega a posiciones de gobierno.

Porque no se crea que la izquierda es anarquía; que es falta de autoridad. No se crea que esa izquierda nuestra es el triunfo de la turbamulta sin orientación, sin conocimientos, sin normas sobre la fisonomía estructural del Estado. Lejos de eso. Lo que nos diferencia de los elementos conservadores de cualquier partido político es que para la mentalidad conservadora el orden es un fin absoluto y para la mentalidad de izquierda ese orden no es más que un medio para realizar otro fin, que es el de la justicia. (Cámara de Representantes, 1936).

Educación primaria.
Tomando como base los datos que nos ofrece el censo de 1938 y circunscribiéndonos a la población mayor de 7 años en los departamentos, fuera de los territorios nacionales, encontramos que en Colombia hay 3’525.814 habitantes que saben leer y escribir por 3’104.920 analfabetos. Es decir, un 46.8% de la población mayor de 7 años para cuya desanalfabetización necesitamos la escuela primaria.
Si no se encuentra demasiado descaminado el razonamiento que acabo de perfilar, nadie podría tomar por ilusa la afirmación de que una intensa y organizada campaña en favor de la cultura primaria es condición sin excepciones para el desarrollo económico y técnico de nuestra riqueza agrícola. Todo lo cual obliga a reemplazar la devoción abstracta y bizantina por la real preparación de los hombres para su cometido social, que debe iniciarse en la escuela primaria.
En el funcionamiento de la escuela pública colombiana hay una verdadera sociedad anónima formada por la Nación, el departamento y los municipios, que se debate en medio de la incongruencia. Allí todos son responsables y ninguno tiene la responsabilidad. Su desarmonía, que va desde la dirección administrativa hasta lo económico como a lo pedagógico, se traduce en pugnas, formulismos, litigios y abandono de lo que debería ser el central objetivo de las actividades.
Es necesario, pues, trasladar la distribución de la educación primaria a zonas que consulten las exigencias esenciales. Que los municipios, los departamentos y la Nación tengan la obligación efectiva y no teórica, de dedicar un porcentaje a la educación primaria en general, y que esos dineros atiendan armónicamente, por medio de la centralización en los departamentos, y en un fondo común y autónomo, a las necesidades, fijando anticipadamente en la ley cuáles deben ser los exclusivos renglones a los cuales dicho fondo debe atender. (Informe del Ministro de Educación, 1940).

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