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Ni ahora ni nunca claudicará nuestro espíritu nacionalista. Hoy y siempre lo defenderemos porque creemos que las naciones latinoamericanas tienen un peligro cierto en los imperialismos, pero nuestro nacionalismo ha de ser siempre un culto severo solemne a la República, y nunca como, en el Representante que nos ataca, una sinuosa postura donde tras el amor a la Nación apenas si se esconde el ataque sectario a un presidente liberal.

Porque la patria no es el hecho material; no es el pedazo de tierra donde se ha mecido nuestra cuna, ni la mínima parcela donde dormirán sus sueños sin desvelos nuestros restos mortales; porque la patria no es la luz que se tamiza en el horizonte, ni la ventana ante la cual nuestros amores se inician; porque la patria no es el canto de las aves, ni la tierra que nos da sus frutos, ni el territorio donde el hombre, en su lucha afanosa, se hace grande por sus virtudes o pequeño por sus vicios; porque la patria no es siquiera el arrullo maternal, dulce y hondo que alienta nuestra niñez, ni las lágrimas que las madres vierten para consolación de nuestra sed y nuestra angustia; porque la patria no es siquiera el hijo en que se perpetúa nuestro espíritu y que atestigua con su vida nuestra pasada existencia.

A la discusión de este proyecto debemos concurrir con uno de estos dos criterios: o tenemos fe en el país y esperanza en el mejoramiento de su estructura democrática y entonces nuestro deber consiste en realizar esfuerzos empeñosos para lograr ese mejoramiento. O no creemos en la democracia representativa de nuestro país ni confiamos en la eficacia de sus leyes, y entonces no hay necesidad ninguna de expedirlas.
Aquel criterio primario de dividir al país en dos sectores, cuajado el uno de todas las excelencias y perfecciones y reducto el otro de todos los defectos y perversidades, puede ser hasta una habilidad electorera pero constituye una negación de justicia y es desconocer elementales principios de sociología y psicología, dado que los dos grupos en que se pretende escindir al país están constituidos por elementos étnicos y psíquicos de una misma nacionalidad.

Poseer los poderes que el régimen presidencial colombiano entrega al primer mandatario; tener la manera de manejar las fuerzas de avance y de choque que un presidente tiene; establecer en el país la posibilidad de que no ya el presidente sino sus funcionarios inmediatos puedan formar dentro del Estado, con perspectivas hacia su beneficio político y propio, un sistema que permita mañana traer de nuevo al poder al mismo hombre que ya lo ejerció, para seguir gozando de los beneficios antes gozados, es problema grave que puede desquiciar los fines ideológicos para reemplazarlos por el continuismo concupiscente, con grave mengua de las bases esenciales de la democracia. [5]

Tomando como base los datos que nos ofrece el censo de 1938 y circunscribiéndonos a la población mayor de 7 años en los departamentos, fuera de los territorios nacionales, encontramos que en Colombia hay 3’525.814 habitantes que saben leer y escribir por 3’104.920 analfabetos. Es decir, un 46.8% de la población mayor de 7 años para cuya desanalfabetización necesitamos la escuela primaria.

No he sido nunca comunista y he sido siempre adversario del comunismo como lo demuestran todos los movimientos políticos en que he tomado parte; todas mis expresiones públicas en la tribuna y en la prensa. Más aún, he declarado y probado muchas veces que no soy integralmente marxista. Por defender banderas anticomunistas, grandes batallas con grandes índices de elocuencia he librado en este recinto. Pero soy un hombre de la izquierda y me enorgullece haber tenido ocasión de demostrar con mis actos cómo la izquierda obra en política y aplica su doctrina cuando llega a posiciones de gobierno.

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org