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Editorial

En estos días se posesionaron de sus cargos los once magistrados que conforman la “Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición” conocida simplemente como Comisión de la verdad.

Bajo la controvertida dirección del padre Jesuita Francisco de Roux, la comisión trabajará en sus primeros seis meses para acondicionarse a sí misma para cumplir el casi imposible cometido de contar la verdad sobre el conflicto colombiano.

Mucho nos tememos que una sociedad tan polarizada alrededor de los temas del conflicto como la colombiana, el trabajo de la Comisión, en lugar de contribuir a la reconciliación, ahonde las heridas que ya tenemos y se eche por la borda tan loable esfuerzo.

Dos son las consideraciones principales que nos mueven a señalar este gran peligro. De un lado, el evidente sesgo que tiene la Comisión en su conformación, en lo que respecta a las opiniones que sobre el conflicto han manifestado reiteradamente la mayoría de sus miembros, empezando por su presidente Francisco de Roux.

No debería causar ninguna sorpresa la terrible situación de las fronteras con Venezuela y Ecuador, en el Catatumbo y en el Sur (Nariño y Putumayo) respectivamente.

Decimos que no debe haber sorpresas porque el abandono estatal ha sido de tal magnitud, que al Estado lo han suplido los grupos armados irregulares, que han proporcionado no solo seguridad, si no que de facto se convierten en verdaderos reguladores de la vida cotidiana de las comunidades.

Cada tanto, desde Bogotá se dan golpes de pecho y se preguntan por qué se ha llegado a tal situación en zonas tan alejadas de la capital.

La verdad es que se tienen que vivir verdaderas catástrofes humanitarias para que el poder central se digne poner su distraída mirada en estas zonas en donde solo habitan pobres y en donde cada cual vive del rebusque y la mayoría de las veces, de las economías ilegales que puedan ser rentables. Ahora es el turno del Catatumbo y el Sur, como ya lo han sido Arauca, el Chocó y hasta la muy lejana frontera con el Brasil.

Mucho se especula sobre las razones para que el actual proceso con el ELN vaya directamente al fracaso, como ya lo vaticinamos en un editorial del año pasado, en lo que desafortunadamente tuvimos la razón, meses antes de que se produjeran los hechos que nos han llevado a este aparente callejón sin salida.

Tampoco hace falta estar dotado particularmente para los dones de la adivinación. Basta con ser profetas del pasado.

Nos explicamos. Para saber que con la guerrilla del ELN difícilmente se llegará a un proceso que conduzca a su desaparición como agrupación armada, hay que atenerse a la historia de los fracasos previos de las tentativas de negociación.

Avanza con más tropiezos que desarrollos la actual campaña electoral.

Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, como organización armada de carácter político, no participan en las elecciones, lo cual no quiere decir que seamos indiferentes ni a su marcha ni a sus resultados.

En medio de un ambiente polarizado a más no poder, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que es como bautizaron a la agrupación política surgida de los acuerdos de paz, ha tratado de adelantar una campaña, que más parece un desafío que la legítima voluntad de buscar el favor popular en las elecciones que se llevarán a cabo en marzo próximo.

En este mundo mediático, muchas veces se echa a rodar un rumor, y por el poder de las redes sociales, rápidamente se riega como pólvora y se empieza a dar por cierto, sin que las aclaraciones de quienes son objeto del rumor sean tenidas en cuenta.

Las AGC son víctimas constantes de este entorno siniestro, de lo que ahora se ha dado en llamar Fake news, para darle un nombre elegante a lo que no pasan de ser simples chismes. Veamos algunos ejemplos.

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org