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Editorial

Desde que se firmó el Acuerdo del Teatro Colón se ha sostenido que éste es apenas un paso, y que ahora viene lo difícil: la implementación. Los hechos vienen dando la razón a esta aseveración, que es evidente, pero que ahora al comprobarla, exacerba aún más el sentimiento general de lo lejos que estamos de vivir en un país sin conflicto armado.

A nuestro leal saber y entender, resulta por lo menos grotesca la intervención del Señor Fiscal General de la Nación con respecto al listado de bienes entregado por las Farc, y que se supone servirán como insumo para reparar a los millones de víctimas del conflicto.

Los acuerdos con las Farc, después del largo camino recorrido hasta la firma en el teatro Colón en Bogotá, empiezan a confrontar sus verdaderos retos.

El haber alcanzado unos acuerdos, no implica que automáticamente se tenga un proceso de paz exitoso, como lo prueban numerosos ejemplos, a nivel nacional e internacional. Y, obviamente, el caso del estado colombiano y lo que fueran las guerrillas de las Farc no es la excepción.

Durante este tortuoso tránsito de las Farc a la legalidad, es usual que el común de las gentes se pregunte si las partes comprometidas en el Acuerdo, es decir el Estado Colombiano y las Farc, han cumplido con los acuerdos que permitirían el desmantelamiento de la máquina letal de guerra que las Farc estructuraron por más de cincuenta años.

Empecemos por el Estado. En nuestro ordenamiento jurídico, el Presidente de la República es el Jefe del Estado.

Asiste el país impávido al desplome de la justicia, todos los días con un escándalo mayor que el anterior, al punto de que como institución empieza a superar en desprestigio al vilipendiado Congreso de la República, lo cual es mucho decir.

Una nación sin pronta y debida justicia es inviable. Si bien es cierto que las tres ramas del poder público establecidas en nuestro ordenamiento jurídico son indispensables para la buena marcha del país, cuando la corrupción generalizada toca la justicia ya es el indicativo de un desplome gigantesco de las instituciones, con consecuencias que todavía no hemos medido.

No parecen avanzar las conversaciones con el ELN en Quito.

Ahora la guerrilla ha argumentado que el gobierno ha paralizado la siguiente fase que se había acordado, que es la de pedagogía y comunicaciones para la paz. No sin razón, ha expuesto el jefe del equipo negociador del gobierno nacional Juan Camilo Restrepo, que es muy difícil empezar una pedagogía para la paz, cuando el ELN insiste en su política de secuestros como medio para financiar sus actividades.

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org