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Editorial

En días recientes se ha sabido el dictamen de Medicina Legal sobre la muerte del gobernador indígena Auli Isarama Forastero, del Resguardo Catru Dubaza Ancoso, del municipio del Alto Baudó, Chocó.

Según Medicina Legal, Isarama fue asesinado de dos disparos hechos por la espalda, con la “boquilla del arma firmemente apoyada sobre la pared posterior del tórax”, según el director del Instituto, Carlos Valdés.

Hemos seguido con atención las vicisitudes del nuevo partido de lo que fueron las Farc, ahora llamadas Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, que fue como decidieron llamarse, en medio de no pocas y muy válidas controversias.

Ahora, llegados al punto de presentar ante la opinión pública los nombres que por el nuevo partido aspiran a recoger el favor popular en las urnas, la Farc se nos ha venido con una arriesgada apuesta, al presentar a su comandante general Timoleón Giménez como candidato a la Presidencia de la República, y a prácticamente todo su secretariado en las listas a integrar el Congreso que se elegirá en marzo del próximo año.

Desde que se firmó el Acuerdo del Teatro Colón se ha sostenido que éste es apenas un paso, y que ahora viene lo difícil: la implementación. Los hechos vienen dando la razón a esta aseveración, que es evidente, pero que ahora al comprobarla, exacerba aún más el sentimiento general de lo lejos que estamos de vivir en un país sin conflicto armado.

A nuestro leal saber y entender, resulta por lo menos grotesca la intervención del Señor Fiscal General de la Nación con respecto al listado de bienes entregado por las Farc, y que se supone servirán como insumo para reparar a los millones de víctimas del conflicto.

La forma más apropiada de referirse al proceso de implementación de los acuerdos de paz firmados por el Estado Colombiano con las Farc, es la de incertidumbre.

Dos de los pilares de los acuerdos, los que constituyen por así decirlo su núcleo central, su almendra, que son la reforma política y la reglamentación de la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, difícilmente saldrán adelante.

La reforma política está prácticamente enterrada. Hasta le han puesto el mote de “ley Cristo”, refiriéndose despectivamente al exministro Juan Fernando Cristo, quien la presentó inicialmente. Las explicaciones dadas por el actual presidente de la Cámara de Representantes,

Los acuerdos con las Farc, después del largo camino recorrido hasta la firma en el teatro Colón en Bogotá, empiezan a confrontar sus verdaderos retos.

El haber alcanzado unos acuerdos, no implica que automáticamente se tenga un proceso de paz exitoso, como lo prueban numerosos ejemplos, a nivel nacional e internacional. Y, obviamente, el caso del estado colombiano y lo que fueran las guerrillas de las Farc no es la excepción.

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