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Editorial

Como siempre hacemos ante los hechos más importantes del devenir nacional, guardamos un prudente silencio, antes de caer en juicios apresurados que, en lugar de contribuir, den más elementos para la confusión, lo que es una constante en nuestro país.

Pero ya no se puede ocultar la desgastante crisis que sufre el proceso de paz con las Farc, para infortunio de las zonas que ellos abandonaron. En los 170 municipios que de declararon como prioritarios para atenderlos y que hacían parte de su área de influencia, la situación de orden público hoy está deteriorada, con el índice de homicidios creciendo y muy por encima de los promedios nacionales, al elevarse un 28 por ciento, además de triplicarse el desplazamiento.

En estos días se posesionaron de sus cargos los once magistrados que conforman la “Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición” conocida simplemente como Comisión de la verdad.

Bajo la controvertida dirección del padre Jesuita Francisco de Roux, la comisión trabajará en sus primeros seis meses para acondicionarse a sí misma para cumplir el casi imposible cometido de contar la verdad sobre el conflicto colombiano.

Avanza con más tropiezos que desarrollos la actual campaña electoral.

Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, como organización armada de carácter político, no participan en las elecciones, lo cual no quiere decir que seamos indiferentes ni a su marcha ni a sus resultados.

En medio de un ambiente polarizado a más no poder, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que es como bautizaron a la agrupación política surgida de los acuerdos de paz, ha tratado de adelantar una campaña, que más parece un desafío que la legítima voluntad de buscar el favor popular en las elecciones que se llevarán a cabo en marzo próximo.

No debería causar ninguna sorpresa la terrible situación de las fronteras con Venezuela y Ecuador, en el Catatumbo y en el Sur (Nariño y Putumayo) respectivamente.

Decimos que no debe haber sorpresas porque el abandono estatal ha sido de tal magnitud, que al Estado lo han suplido los grupos armados irregulares, que han proporcionado no solo seguridad, si no que de facto se convierten en verdaderos reguladores de la vida cotidiana de las comunidades.

Cada tanto, desde Bogotá se dan golpes de pecho y se preguntan por qué se ha llegado a tal situación en zonas tan alejadas de la capital.

La verdad es que se tienen que vivir verdaderas catástrofes humanitarias para que el poder central se digne poner su distraída mirada en estas zonas en donde solo habitan pobres y en donde cada cual vive del rebusque y la mayoría de las veces, de las economías ilegales que puedan ser rentables. Ahora es el turno del Catatumbo y el Sur, como ya lo han sido Arauca, el Chocó y hasta la muy lejana frontera con el Brasil.

Mucho se especula sobre las razones para que el actual proceso con el ELN vaya directamente al fracaso, como ya lo vaticinamos en un editorial del año pasado, en lo que desafortunadamente tuvimos la razón, meses antes de que se produjeran los hechos que nos han llevado a este aparente callejón sin salida.

Tampoco hace falta estar dotado particularmente para los dones de la adivinación. Basta con ser profetas del pasado.

Nos explicamos. Para saber que con la guerrilla del ELN difícilmente se llegará a un proceso que conduzca a su desaparición como agrupación armada, hay que atenerse a la historia de los fracasos previos de las tentativas de negociación.

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org