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Esta semana, por fin, se instaló de manera oficial la mesa de conversaciones que se supone conducirá al Ejército de Liberación Nacional y la desmovilización y conversión en agrupación política, en el entendido de que éste será el destino final de las guerrillas, a quien el Estado reconoce como delincuentes políticos de manera exclusiva, muy a pesar de que sus objetivos de tomarse el poder por la fuerza de las armas se fueron perdiendo en el maremágnum de un conflicto largo y degradado como el colombiano.

Pues bien, este proceso no la tiene fácil. No es que uno le apueste de antemano a su fracaso, pero si es pertinente hacer algunas observaciones sobre el hecho de porqué el escepticismo es la nota predominante entre la opinión pública cuando se trata de mirar cual es la favorabilidad o no del mismo.

 

En primer lugar está el pasado. Ya han transcurrido varios otros procesos, desde los lejanos tiempos de Tlaxcala y Caracas, pasado por Maguncia y el Acuerdo de la Puerta del Cielo, hasta llegar a los diálogos que por cinco años adelantó el gobierno de Alvaro Uribe, que tuvieron como escenario la misma ciudad de La Habana, sin que en ninguno de ellos se viera mayor voluntad de paz de la comandancia del ELN.

Que es justamente el segundo gran escollo que se debe superar, y es el tema de la comandancia y su real ascendiente sobre la tropa. Mucho se ha dicho que una de las características centrales y distintivas del ELN es que no tienen un mando vertical, como las Farc, sino horizontal, en donde las decisiones son tomadas por consenso y después de largas discusiones entre todos sus integrantes. Esta característica hace que haya fundadas razones para desconfiar de la representatividad de quienes se sienten en una mesa de diálogos para tomar decisiones, cuya ratificación por parte del grueso de los guerrilleros sería un proceso tortuoso y demasiado demorado. 

En tercer lugar, está el asunto del enfoque de las conversaciones, pues el ELN exige que haya participación de la sociedad civil, ante lo cual uno se pregunta qué se entiende por sociedad civil.  Porque si miramos el pasado, especialmente en Maguncia, expuso como representantes de esa sociedad civil una variopinta colección de personalidades, que iban desde varios miembros de la iglesia católica, hasta periodistas, líderes gremiales e intelectuales, que mas que nada se representaban a si mismos, pero poco a esa tal sociedad civil que es un concepto gaseoso por demás. 

En cuarto lugar, es necesario hablar de los tiempos. Este es un gobierno al que le restan 18 meses, tiempo en el cual es muy improbable, por no decir que imposible, que se evacúe una agenda tan amplia como la que se ha pactado. Se puede pensar entonces que este gobierno debería llegar a acuerdos fundamentales, cuya ratificación y desarrollo corresponderían al gobierno que se elija el próximo año. Está por verse si en el caso de que sea elegido un candidato de la derecha, que es lo más probable, se mantengan los acuerdos que se pacten, lo que es bastante dudoso. 

Por último, debe tenerse en cuenta la viabilidad política de los acuerdos que se logren. El gobierno del Presidente Santos ha salido maltrecho del proceso de paz con las Farc, y eso que apenas empieza la fase de implementación. Colombia es un país urbano, en donde el conflicto en las grandes ciudades es invisible. El país rural es ignorado, y es allí donde impacta con fuerza el conflicto social y armado. Como pasó con el plebiscito, las grandes decisiones las toma una mayoría que no vive lo que debe padecer un ciudadano de un caserío olvidado del Chocó o del Guaviare. 

Igualmente, el escándalo de corrupción de Odebrecht apenas parece haber empezado, lo que conspira contra la unidad nacional, que debe empezar a volver realidad lo pactado con las Farc. La misma Jurisdicción Especial de Paz parece pender de un hilo, siendo como es la columna vertebral de los Acuerdos. Es inevitable que el ELN se mire en este espejo, sacando conclusiones que no son favorables para el futuro del proceso en ciernes.

Por el momento hay más dudas que certezas. 

 

Febrero 9 de 2017

Equipo político

Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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