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La forma más apropiada de referirse al proceso de implementación de los acuerdos de paz firmados por el Estado Colombiano con las Farc, es la de incertidumbre.

Dos de los pilares de los acuerdos, los que constituyen por así decirlo su núcleo central, su almendra, que son la reforma política y la reglamentación de la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, difícilmente saldrán adelante.

La reforma política está prácticamente enterrada. Hasta le han puesto el mote de “ley Cristo”, refiriéndose despectivamente al exministro Juan Fernando Cristo, quien la presentó inicialmente. Las explicaciones dadas por el actual presidente de la Cámara de Representantes,

Rodrigo Lara, además de ser desobligantes, destempladas y fuera de lugar, lo que evidencia es el interés del partido de Germán Vargas Lleras de torpedear todo lo que tenga que ver con los procesos de paz, a pesar de que dientes para afuera decían apoyarlo.

La reglamentación de la operación de la JEP ni se diga. No solo ha recibido el rechazo total del Centro Democrático, sino también de Cambio Radical, quien ha anunciado que no votará afirmativamente, pero también fuego amigo, como el de algunos miembros del partido Liberal, y los de la congresista del Partido Verde Claudia López. Si a eso sumamos las deserciones en el partido de la U por el tema de la corrupción, y las que vienen, las mayorías pasan a ser muy precarias, casi insuficientes, para aprobar los proyectos que hacen falta.

La escogencia de los miembros de la JEP en sus diversas instancias también ha sido motivo de agrias declaraciones de todos lados, especialmente de quienes sin ninguna razón, acusan a quienes lo integran de parcialidad ideológica, y de que sus fallos se convertirán en  instrumento de una delirante venganza de las Farc. Llegan al punto de declarar sospechoso a todo aquel que haya trabajado en temas de derechos humanos y de las víctimas, como si precisamente este esfuerzo no se orientara a poner, por fin, a los millones de víctimas del conflicto armado colombiano como centro de toda consideración.

Y así sucede con lo que se haga en el proceso de implementación en su totalidad. La polarización que se vive alrededor de los temas de la paz y sobre cuáles son los mecanismos que como sociedad debemos adoptar se hace eterna, pero los problemas no dan espera.

Esa polarización a la que aludimos está conduciendo a que nos quedemos sin alternativas reales. Si nada sirve, si no hay salidas posibles al espiral de violencia cada vez más amplio en el que nos vemos envueltos, estamos a punto de caer en la desesperación y en la centroamericanización del país.

O tratamos de dejar atrás el pasado con su carga de odio y sangre, o seguiremos patinando en el mismo lodazal de violencia, en esta Colombia que a veces pareciera quedarse sin esperanzas.

Tenemos que superar la cultura de la violencia. Acostumbrados estamos a pelear, a responder a la agresión con una agresión aún mayor.

Tenemos la oportunidad de construir una Colombia diferente. Sin actores armados que justifiquen la violencia de todas partes, el camino para un país sin violencia puede construirse. Siempre y cuando depongamos los odios, las inquinas, las manipulaciones, los intereses ocultos, y podamos encontrar las salidas que todos los actores armados requerimos.
Esta es una patria grande y a todos nos abriga. Aquí cabemos todos. La hora de la grandeza y el desprendimiento ha llegado. Así sea.

Montañas de Colombia, octubre 3 de 2017


Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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