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Hemos seguido con atención las vicisitudes del nuevo partido de lo que fueron las Farc, ahora llamadas Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, que fue como decidieron llamarse, en medio de no pocas y muy válidas controversias.

Ahora, llegados al punto de presentar ante la opinión pública los nombres que por el nuevo partido aspiran a recoger el favor popular en las urnas, la Farc se nos ha venido con una arriesgada apuesta, al presentar a su comandante general Timoleón Giménez como candidato a la Presidencia de la República, y a prácticamente todo su secretariado en las listas a integrar el Congreso que se elegirá en marzo del próximo año.

Decimos que es una arriesgada apuesta, porque así como puede recoger los votos de simpatizantes de su causa, también ha causado un indignado rechazo de buena parte de la ciudadanía, que no comprenden como se van a presentar a elecciones muchos personajes que no han pasado por la Jurisdicción Especia de Paz, y que no han cumplido su compromiso de hacer un relato pormenorizado de su participación en el conflicto, y sobre todo, a honrar a las víctimas contando las verdades que se esperan saber sobre las razones para tanta sangre como la que ha corrido.

El punto en discusión no es si deben darse posibilidades de participación en política a quienes se desmovilizan, sino si pueden participar en ella quienes aún no han pasado por la justicia transicional que se ha diseñado para tal fin, y que obviamente incluye grandes favorabilidades, que tampoco estamos poniendo en tela de juicio.

Sabido es que los beneficios judiciales se pactan esencialmente para la Comandancia, porque son quienes están acusados de todo tipo de delitos, y que además deben responder por todos los hechos delictivos cometidos con ocasión del conflicto, en razón del principio de responsabilidad por unidad de mando.

Nada de esto sorprende. Lo que llama la atención es la falta de tino de quienes tomaron esta decisión, porque a los cuestionamientos naturales a sus nombres, se les da más a munición a los muy poderosos intereses que se han opuesto a una solución dialogada sobre el conflicto, bien sea porque no creen que el conflicto mismo exista, o por otra clase de oscuras razones.

A todo ello se suma el hecho de que sean sus figuras dirigenciales de muchas décadas quienes asumen el papel de representar a una nueva fuerza política en el escenario nacional, como si no hubieran otros hombres y mujeres al interior de su agrupación, con el suficiente peso y la vitalidad para asumir con entereza los sin duda fieros debates que se avecinan, una vez se encuentren en el Congreso de la República.

Empieza así su camino el nuevo partido con los mismos vicios de los partidos tradicionales, a quienes aspira a reemplazar. Los personalismos a la orden del día, la construcción de cohesión alrededor de unos nombres y no de un programa ideológico y político válido para la Colombia de esta segunda década del siglo XXI.
Pareciera que estamos condenados a repetir los nefastos procedimientos de todos los que han detentado el poder, o de quienes aspiran a sucederlos. Difícil será que la Farc sea una alternativa diferente, con los mismos defectos. Como decía Albert Einstein “Es una locura seguir haciendo siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Montañas de Colombia, noviembre 3 de 2017

Equipo Político Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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