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En días recientes se ha sabido el dictamen de Medicina Legal sobre la muerte del gobernador indígena Auli Isarama Forastero, del Resguardo Catru Dubaza Ancoso, del municipio del Alto Baudó, Chocó.

Según Medicina Legal, Isarama fue asesinado de dos disparos hechos por la espalda, con la “boquilla del arma firmemente apoyada sobre la pared posterior del tórax”, según el director del Instituto, Carlos Valdés.

El dictamen pericial contradice abiertamente la versión entregada por el ELN, quien en un comunicado por lo demás absurdo y cínico, dijo que “La unidad que operaba cerca a su comunidad, procede a detenerlo para investigarlo tal como pueden constatarlo los miembros de dicha comunidad (…) El gobernador Aulio Isaramá Forastero se niega a caminar y se abalanza sobre uno de nuestros guerrilleros, con el trágico desenlace conocido”. En realidad fue asesinado a sangre fría, en estado de indefensión, y no como producto de un inexistente forcejeo.

Como quiera que nuestra Organización hace presencia en áreas cercanas a donde sucedieron los nefastos hechos, desde el comienzo estuvimos interesados en que se aclarara lo acontecido, para que no quedaran sombras de dudas ni impunidades en el aire.

Ahora se ha sabido por el estudio científico que fue lo que realmente pasó, reconocida su autoría además por el propio ELN en el comunicado citado.

Este asesinato pone a prueba el cese bilateral del fuego entre el gobierno y la guerrilla, y los mecanismos que se han pactado para verificarlo. Han pasado los días y no hemos tenido a la fecha una declaración del Mecanismo de Veeduría y Verificación de Naciones Unidas. No llamamos a la histeria ni a romper los muy incipientes diálogos. Pero la impunidad no puede seguir siendo el precio de dialogar con la insurgencia armada.

Porque con el asunto de los “errores” la guerrilla ha tenido siempre la forma de disculpar alevosas acciones en contra de la población civil, como en Machuca, en donde el 18 de octubre de 1998, el grupo Cimarrones del frente José Antonio Galán, dinamitó el Oleoducto Central de Colombia, ocasionando un derrame de combustible que se prendió y ocasionó la muerte de 84 humildes colombianos, y heridas a decenas más.

De manera posterior, el ELN ha reconocido parcialmente su “error”, al expresar Gabino que “los compañeros realmente no midieron correctamente el peligro que representaba esa acción para la población”.

Como otro error fue el secuestro y asesinato de monseñor Jesús Emilio Jaramillo, según lo señalaron por indeterminados “delitos contra la revolución”, el 2 de octubre de 1989.

Pero incluso más que contra la población civil, en donde han sido más notorios los errores del ELN es en sus propias filas. Desde el grueso error de enviar a Camilo Torres al sacrificio, cuando como líder social y político pudo tener mucha más influencia de la que finalmente tuvo, pasando por la eliminación sistemática de buena parte de los fundadores del propio ELN, en una orgía de sangre propiciada por los celos y el personalismo del malhadado Fabio VásquezCastaño.

El fusilamiento sin miramientos de Víctor Medina, Julio César Cortez, Heliodoro Ochoa, Hermidas Ruiz y Carlos Uribe, entre muchos otros, en supuestos juicios revolucionarios de un jefe absolutista que no consentía ninguna crítica, terminó perjudicando al propio ELN, al sustraerle buena parte de su sustento intelectual, al punto que casi desaparece después de la campaña de Anorí.

Ni que decir de la muerte de Jaime Arenas, asesinado por el mismo ELN en 1971, después de escribir el crítico texto “la guerrilla por dentro”, una bien documentada exposición de los excesos y delirios de la lucha armada.

Y la muerte de Ricardo Lara Parada en Barrancabermeja? Otro grueso error, al eliminar a quien fuera segundo al mando del ELN, uno de sus cuadros más preparados para hacer política, terrible delito que finalmente le costó la vida.

Hacemos este recuento no con ánimo vindicativo ni retaliatorio. Solo nos anima la esperanza de que al fin el ELN comprenda que es necesario sentir el perdón en el corazón y pedirlo sinceramente, no con la soberbia y el fundamentalismo que siempre los ha caracterizado.

Noviembre 14 de 2017


Montañas de Colombia

Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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