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Mucho se especula sobre las razones para que el actual proceso con el ELN vaya directamente al fracaso, como ya lo vaticinamos en un editorial del año pasado, en lo que desafortunadamente tuvimos la razón, meses antes de que se produjeran los hechos que nos han llevado a este aparente callejón sin salida.

Tampoco hace falta estar dotado particularmente para los dones de la adivinación. Basta con ser profetas del pasado.

Nos explicamos. Para saber que con la guerrilla del ELN difícilmente se llegará a un proceso que conduzca a su desaparición como agrupación armada, hay que atenerse a la historia de los fracasos previos de las tentativas de negociación.

Muchas de las razones que se han esgrimido son ciertas, pero creemos que el meollo del problema sigue sin tocarse, y que hasta tanto no se haga seguirán siendo vanos los intentos que se hagan.

Se aduce por ejemplo que el COCE del ELN no tiene un control militar sobre las distintas estructuras de mando con que cuentan, y que en muchas ocasiones estas acciones obedecen más bien a dinámicas internas de las estructuras locales, que a decisiones del mando central.

Más grave aún. Quienes hacen presencia urbana como células del ELN no parecen tener una relación vertical con la estructura jerárquica de la organización, y sus acciones armadas no tienen ninguna resonancia política y, por el contrario, les da argumentación a quienes se oponen, por las razones que sea, a los diálogos que se adelantan ahora o las que puedan emprenderse por el gobierno que estamos próximos a elegir los colombianos.

La actual campaña electoral, introduce un enorme ruido en la misma mesa de negociaciones, porque ante el menor contratiempo, o ante los numerosos errores de la guerrilla, la oposición política sale a cobrar, y lo hace con todo, como ya se vio con las crueles imágenes difundidas por las redes sociales del atentado contra la estación de Policía en Barranquilla, que costó la vida de cinco humildes policías.

Pero al fondo de todo hay una razón para que la mesa de negociaciones no avance de manera significativa y de la impresión de estar empantanada, al igual que en ocasiones anteriores.

Esa razón es que el ELN siempre ha exigido que haya una decisiva participación de la sociedad como sustento de las decisiones que se adopten para su salida del conflicto, y que sea esa misma sociedad la que determine cuál debe ser la agenda que se adoptará, que permita tramitar los cambios necesarios para la superación del conflicto.

Decimos que ese se constituye en un escollo hasta ahora insalvable, por varias razones. En primer lugar, ¿cómo definir la sociedad civil a que el ELN se ha referido insistentemente?  ¿Acaso con los representantes de los sindicatos, de gremios de diversa índole, de víctimas?
Si se lograra superar este de por si complicado tema, surge una segunda pregunta ¿Cómo lograr que una apreciable mayoría se sienta representada, cualquiera que sea el mecanismo que se adopte para llevar esa vocería? En un país como el nuestro, donde las grandes mayorías tienen una lucha terrible por la supervivencia, que en la práctica no les deja fuerzas para nada más, ¿Cómo derrotar este cansancio ancestral y consuetudinario?

Esta es la sin salida a la que de nuevo se he llegado con el ELN. Aquí se llegará siempre, si el ELN no cambia sus radicales posiciones, pero también si la dirigencia nacional no obra con grandeza y pensando en las próximas generaciones, y no en las próximas elecciones, como se ha repetido hasta el cansancio.

Estaremos atentos al curso de los acontecimientos, con la disposición que nos acompaña para que entre todos encontremos los caminos hacia una paz estable y duradera para Colombia.

Montañas de Colombia, febrero 2 de 2018

Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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