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En estos días se posesionaron de sus cargos los once magistrados que conforman la “Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición” conocida simplemente como Comisión de la verdad.

Bajo la controvertida dirección del padre Jesuita Francisco de Roux, la comisión trabajará en sus primeros seis meses para acondicionarse a sí misma para cumplir el casi imposible cometido de contar la verdad sobre el conflicto colombiano.

Mucho nos tememos que una sociedad tan polarizada alrededor de los temas del conflicto como la colombiana, el trabajo de la Comisión, en lugar de contribuir a la reconciliación, ahonde las heridas que ya tenemos y se eche por la borda tan loable esfuerzo.

Dos son las consideraciones principales que nos mueven a señalar este gran peligro. De un lado, el evidente sesgo que tiene la Comisión en su conformación, en lo que respecta a las opiniones que sobre el conflicto han manifestado reiteradamente la mayoría de sus miembros, empezando por su presidente Francisco de Roux.

Después de su designación, hay que reconocer que el padre ha tratado de acercarse a todos los sectores, tratando de hacer ver su trabajo como imparcial, para así ganar legitimidad. Pero, por sus obras los conoceréis, como dice un conocido aforismo. Una persona que hasta hace poco llamaba a las fuerzas del Estado a “eliminar” a los otros actores armados del conflicto que no hacemos parte de los acuerdos de paz que se han firmado, difícilmente podrá tener la ecuanimidad necesaria para coordinar los ingentes trabajos de esta Comisión.

Comisionados tan conocidos por su “objetividad” como Alfredo Molano, harán que la “verdad” que relaten en el informe final que producirán, será solo una visión parcial, que muy poco reflejará un relato integral sobre los hechos acontecidos, pues, como siempre, hará ver a unos poco menos que héroes, y a otros como los villanos infames de la historia.

A pesar de que el trabajo de la Comisión no es vinculante desde el punto de vista judicial, se supone que será el resultado de la polifonía de voces que conforman la sociedad colombiana.  Y aquí es donde está la segunda consideración que conspira en contra del éxito del trabajo de la Comisión.

En países que han establecido organismos similares, como órgano de cierre que permite conocer qué fue lo que pasó, como una manera de encontrar las formas para que no se repitan los hechos que se produjeron durante el conflicto, se ha establecido este mecanismo después de firmar acuerdos de paz con todos los que en el conflicto participaban, o al menos, con la mayoría.

Dado el carácter excluyente que finalmente tuvo el acuerdo de paz firmado con las Farc, es bastante difícil que una Comisión conformada sin el principio de oportunidad requerido, logre cumplir sus objetivos de “contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido, promover y contribuir al reconocimiento de las víctimas y promover la convivencia en los territorios”, tal como se señala oficialmente.

Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia hemos manifestado de todas las formas posibles nuestra voluntad para encontrar los caminos que nos permitan una salida digna del conflicto. Si no se nos reconoce como actores del conflicto social y armado del país, la verdad a la que se llegue tendrá capítulos a los que les hará falta testimonios invaluables, como el de nuestros Comandantes.

Así, la sociedad en su conjunto no se sentirá representada en el relato que se haga por parte de la Comisión de la Verdad, y su informe será otro más de los tantos que se han construido sobre el conflicto. No se necesita ser profeta del desastre para anunciarlo con mucha anticipación. Tendremos otro esfuerzo estéril, lo que contribuirá a la confusión y a la desazón que nos caracteriza como colombianos.

Montañas de Colombia, mayo 15 de 2018


Equipo Político
Autodefensas Gaitanistas de Colombia

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