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España sufrió el drama terrible de la guerra civil, que llevó al poder al generalísimo Francisco Franco, que gobernó con mano de hierro por cuarenta años.

Después de la muerte del dictador, España hubo de enfrentar los fantasmas de un pasado que poco se conocía, como quiera que fue narrado por el vencedor, como sucede siempre. Este fue un periodo propicio para los vividores, que con la disculpa de recuperar un pasado, se aprovecharon del ansia de saber y de reivindicar de alguna manera a las víctimas no solo de la guerra civil, sino del oprobioso Régimen.

Tal vez el caso más sonado fue el de Enric Marco, quien fingió un pasado glorioso de luchador en el bando republicano, después de militante de la resistencia francesa, en donde supuestamente fue capturado por los nazis y enviado al campo de concentración de Flossenbürg, de donde salió para continuar la lucha contra la dictadura de Franco hasta la llegada de la democracia.

En realidad nada de las aventuras que el narraba profusamente fue cierto. El estuvo en Alemania, pero no en calidad de deportado, sino como trabajador voluntario en una empresa alemana, en virtud de un acuerdo entre los gobiernos de Hitler y Franco, evitando Marco de esta forma el servicio militar.

A su regreso, se dedicó a sobrevivir, con altas y bajas, como cualquier español promedio, mejorando algo su situación a lo largo de los años, a medida que el país iba creciendo económicamente.

En la democracia, Marco vio propicia la situación para dar paso a su excelente capacidad de imaginarse historias, creando para si un pasado que ya se hubiera querido que fuera cierto.

Fue primero secretario del sindicato anarquista CNT, muy poderoso antes y durante la guerra civil. Después fue vicepresidente de una organización social de padres de familia, hasta llegar a ser el presidente de una entidad que agrupaba en España a los deportados a los campos nazis en la segunda guerra mundial.

Ocupando este importante cargo, fue descubierto por un historiador acucioso, quien encontró la documentación para demostrar que Marco no fue deportado a Alemania, sino que llegó como trabajador voluntario.

El novelista español Javier Cercas conoció la historia como todo el mundo, cuando se develó el engaño, sintiéndose poderosamente atraído por la historia de Marco, la cual terminó escribiendo, después de muchas dudas sobre la conveniencia o no de hacerlo.

Hasta aquí una historia suscinta del libro. Los lectores de esta página se preguntarán que tiene que ver este libro con el conflicto colombiano.

Pues bien, son muy valiosas las profundas apreciaciones que Cercas hace sobre la memoria histórica y esa gigantesca moda que se impuso en España hacia los noventa del siglo pasado, acuñando un término que resulta lapidario, pero cierto: la “industria de la memoria”.

Ahora que en nuestro país soplan vientos de paz, y que se ha pretendido que las víctimas estén en el centro de los procesos de justicia, reparación y reconciliación, conviene reflexionar sobre la validez de la pretendida “memoria histórica”.

Para Cercas, el solo término de “memoria histórica” es contradictorio en los términos, ya que la memoria es un ejercicio personal, que invoca los recuerdos de cada uno, mientras que la historia no solo evoca esos recuerdos, sino que apunta a una construcción colectiva, confrontando multiplicidad de fuentes y derribando mitos.

No es políticamente correcto decirlo, pero en Colombia también han surgido Marcos criollos, supuestamente víctimas del conflicto, pero que solo buscan el lucro personal, como quedó demostrado en el caso de las falsas víctimas de Mapiripán.

Para quienes hemos vivido en zonas de conflicto, es normal saber que muchas de las que se han presentado como víctimas no lo son. Los controles son laxos y con el cuento de una supuesta revictimización, las declaraciones son poco investigadas y confrontadas.

No pretendemos desconocer las víctimas, ni la magnitud de unos hechos terribles que no debierian de ocurrir nunca más. Pero si conviene revisar de manera más detallada lo que ha acontecido. Tampoco se pretende minimizar a las víctimas. El llamado es a hacer los ajustes necesarios.

Es un texto que nos invita a repensar lo actuado, y lo que se va a hacer en términos de historia y de memoria.

El Impostor
Javier Cercas
Penguin Random House

 

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