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La forma de las ruinas.

Expone el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez en su más reciente novela, varios hechos históricos, especialmente esa extraña fascinación que sentimos por el nueve de abril de 1948, fecha en la que mataron a la esperanza de un pueblo, a Jorge Eliécer Gaitán, y la consiguiente reacción incontenible de una turba que por poco destruye Bogotá.

Analiza con detenimiento las consecuencias que para nuestro país tuvo el asesinato que ya se quedó en la impunidad: “El 9 de abril es un vacío en la historia colombiana, sí, pero es otras cosas además: un acto solitario que mandó a todo un pueblo a una guerra sangrienta; una neurosis colectiva que nos ha servido para desconfiar de nosotros mismos durante más de medio siglo”, resume de manera brillante y precisa. La historia de Colombia cambió, y es lo que trata de dilucidar Vásquez, con una prosa clara y detallada.

Las infinitas especulaciones que se han dado después del magnicidio de Gaitán, son descritas minuciosamente, utilizando para ello tanto su propio personaje dentro de la novela, como otros producto de la imaginación del escritor.

Nos enteramos de muchos detalles de las horas previas al asesinato, y de las tantas teorías de conspiraciones que se han tejido en torno al 9 de abril. Hasta García Márquez en su libro de memorias habla sobre una de tantas de las fábulas, todas con más o menos posibilidad de ser real.

La muerte de Gaitán condujo al abismo, del cual todavía no hemos salido. Nos quedamos sin saber que país seríamos ahora si su muerte se hubiera evitado, si hubiéramos sabido preservar su vida, porque de su legado queda muy poco.

Especial atención dedica el autor a la época bárbara de los extraditables, y sus atentados contra la sociedad colombiana, mediante asesinatos fríamente premeditados, y carros bombas que dejaban un reguero de muertos inocentes.

Una idea interesante que expone es que las violencias sucesivas que hemos debido padecer en Colombia  están entrelazadas entre sí, ninguna existe de manera independiente, sino que unas originaron las siguientes y así hasta nuestros días, porque el tiempo pasado está contenido en el tiempo presente, además porque el pasado es nuestra herencia: heredamos todo, la inocencia y los crímenes.

También se refiere de manera extensa al asesinato en 1914 del General Uribe Uribe, el otro gran caudillo del Partido Liberal, quien anticipadamente tuvo el mismo destino de Gaitán. A pesar de múltiples evidencias, el crimen nunca se investigó debidamente, y como culpables de él solo fueron castigados dos carpinteros, Galarza y Carvajal, quienes fueron los asesinos materiales.

Son muchos los paralelos que se establecen en la novela entre los crímenes de Uribe y de Gaitán, al punto que llegan a ser inquietantes. Como si una mano negra controlara desde siempre el destino de Colombia, y estuviéramos atados a tener a los mismos de siempre en el poder, sin que puedan ser reemplazados por nadie que no sea de la entera confianza de la oligarquía nacional. Como si todo lo malo que nos pasa estuviera orquestado por una mano siniestra que mueve invisible los hilos de la gran tragedia nacional. Es una conclusión desalentadora, para los que hemos trabajado por que esto cambie.

Una reflexión final de libro: “la historia colombiana ha probado una y mil veces su extraordinaria capacidad para esconder versiones incómodas o para cambiar el lenguaje con el cual se cuentan las cosas, de manera que lo terrible o inhumano acaba convirtiéndose en lo más normal, o deseable, o incluso loable.”

Montañas de Colombia, julio 24 de 2017

Equipo Político Autodefensas Gaitanistas de Colombia

Autodefensas Gaitanistas de Colombia - www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org